Reseña: Las Cosas que Perdimos en el Fuego

La primera novela de la escritora argentina Mariana Enriquez, Bajar es lo Peor, fue publicada cuando solamente tenía 22 años, una edad bastante temprana que ya indicaba algo muy especial en sus relatos. Desde entonces no ha dejado de publicar ya sea cuentos, ensayos, novelas cortas y crónicas, entregando algunas de las mejores obras provenientes de Argentina en las últimas décadas. Su último trabajo Lo que Perdimos en el Fuego se inscribe en la vertiente de cuentos cortos, y en particular en el género del terror, aunque un terror de factura muy personal.

Desde la portada misma es posible apreciar la dirección de los doce cuentos que constituyen esta colección. La normalidad de lo real poco a poco se ve trastocada por elementos irreales o surreales emergentes de grietas que aparecen en la fachada de la cotidianidad. Enriquez conecta con innegable naturalidad los miedos y los peligros de nuestro mundo – el abuso, el asesinato, la marginalidad, el desarraigo, el abandono – con los temores y los horrores del más allá – monstruos, casas abandonadas, magia, espíritus – en una gran muestra de sutileza narrativa. En esto se adivina un cierto aire a Shirley Jackson, la escritora estadounidense y una de las pioneras de lo que conocemos hoy como terror psicológico, aquel en que lo cotidiano lentamente toma matices extraños desembocando en lo terrorífico.
Tal es el estilo del que Mariana Enriquez se apropia a fin de subvertirlo porque a diferencia de la vasta mayoría de las historias de terror, su objetivo se extiende más allá de provocar aquel distintivo estremecimiento. Es cierto que existe una plétora de componentes tradicionales del género en las 200 páginas del libro, pero éstos siempre son percibidos a través de la trivialidad como aquel famoso asesino de niños cuyos crímenes son narrados por un guía turístico en un ya clásico tour por las calles de Buenos Aires, guía turístico que ve al asesino cada día en el bus camino al trabajo; o aquella colección de dientes y uñas cortadas en una casa abandonada que parece haber tomado conciencia propia a los ojos de los niños que se internan en ella mientras juegan al escondite. El linde que enmarca el mundo corriente cede una y otra vez ante la arremetida de los horrores que ya no forman parte de él, pero que se originaron en él y tratan de volver como animales carroñeros a su territorio.
Uno de los rasgos más destacables de la autora es la delicadeza con que estructura sus relatos. Enriquez nunca es estridente o categórica respecto de los terrores presentes en sus cuentos, por el contrario, la perspicacia de su pluma se apodera lentamente de la conciencia del lector, arrastrándolo hacia espacios de la realidad que ignoraba, pero que siempre estuvieron ahí bajo capas de orden y serenidad, en una caída libre al abismo que no se detiene hasta el final de la historia.

Lo que proyectan estos cuentos más allá del género del terror es su gran calidad narrativa: 
los personajes son consistentes y están esbozados con la sencilla inteligencia de unas pocas pinceladas, el ritmo posee una cadencia ágil y las historias mantienen una verosimilitud a toda prueba, incluso cuando la casa del vecino más normal se convierta en una cámara de horrores o se haga un pequeño homenaje a H. P. Lovecraft en los barrios bajos de una ciudad argentina. Más que sólido, un libro que podría ser considerado imprescindible dentro de pocos años.

Las Cosas que Perdimos en el Fuego
Mariana Enriquez
Anagrama
2016
200 Pags.

                                                                                                                Isaac Civilo B.








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