Reseña Cine: Cementerio Maldito
Cementerio Maldito
Tras varios años donde el cine de terror había descendido a un conjunto
de argumentos vacíos, personajes planos, generosas cantidades de sangre y
sustos inverosímiles, la nueva ola que emergió hace un lustro parece ya haberse
consolidado como una alternativa salvadora del género. Varias son las cintas
que se han estrenado durante estos últimos años que vuelven a llenar la
pantalla grande con atmósferas logradas, una narrativa sutil y la exploración
profunda de miedos psicológicos, ancestrales y sociales. No es que el terror
más barato haya desaparecido de los cines, por el contrario, sigue abundando
como las moscas en torno al estiércol; pero al menos el público más exigente
cuenta ahora con una alternativa más que sólida.
En este nuevo panorama, el manoseado nombre de Stephen King parece ser
un pozo sin fondo al que nuevamente se echa mano a la hora de desarrollar
adaptaciones. Entre el éxito rotundo de It
y las próximas adaptaciones de Área 81
y Revival – y las televisivas Apocalipsis, 1922, Castle Rock y la
rumoreada La Torre Oscura de Amazon –
Cementerio Maldito las hace de puente perfecto entre lo que se ha logrado y lo
que se proyecta: una cinta compacta, sólida, aunque no exenta de ciertos
bemoles.
El matrimonio de Louis y Rachel Creed se muda desde Boston a la hermosa
Maine con la intención de escapar del ruido y el estrés de una gran ciudad, y
pasar más tiempo junto a su hija Ellie y a su hijo Gage. Louis es doctor, ateo,
no cree en la vida después de la muerte y enfoca la vida desde una perspectiva
científica. Rachel, por el contrario, sí cree en la vida después de la muerte,
o mejor dicho, debe creer dada la traumática experiencia de su niñez. Su
hermana era víctima de una extraña enfermedad ósea y la pequeña Rachel debía
atenderla, llevar la comida a su habitación y lidiar con la muerte que poco a poco
se apoderaba de ella. Ahora adulta, los recuerdos y las pesadillas del trauma
regresan gatillados por dos muertes: la de un chico de color muerto en la escuela donde Louis trabaja y la del gato familiar atropellado por un camión en
la carretera que corre por el lado de la propiedad de los Creed.
Ellie, la hija del matrimonio, descubre un cementerio de animales en los
alrededores. Ahí conoce a Jud, un anciano viudo, vecino de los Creed y conocedor
de dicho cementerio, y de lo que mora más allá. Ambos entablan amistad, pero el
lugar de entierro de las mascotas de los habitantes del pueblo y el anciano gatillan la erosión de solidez familiar de los Creed. Tras la muerte del
gato, Jud guía a Louis más allá del cementerio, hacia un terreno agreste, donde
el mitológico wendigo parece habitar junto a muchas otras leyendas indias sobre
la vida más allá. La niebla, el pantano, los árboles muertos, la escalera
tallada en la piedra, las nubes y los relámpagos hacen imposible no pensar en
Frodo y Sam mientras se internan en Minas Morgul, detalle que, King ha
indicado, proviene de su amor por la obra de Tolkien. De la misma forma, Louis
y Jud recorren este territorio desconocido. La misma noche, después de enterrar
al gato y de regresar a casa, Louis descubre que éste ha vuelto desde la
muerte aunque cambiado de formas misteriosas.
Como suele suceder en las historias de Stephen King, las barreras de la
razón son las primeras que ceden ante la embestida de lo desconocido. Aquí la
cinta prodiga algunos de sus mejores momentos. El pulso narrativo está muy bien
graduado, dando espacio a personajes y a la historia por igual, existe una
creciente tensión en las relaciones familiares además del regreso de los
traumas infantiles de Rachel y la imposibilidad de llegar a buen término con la
muerte de su hermana, de la que se considera responsable; y una atmósfera que
poco a poco comienza a adquirir tonalidades más otoñales, anticipando la tragedia
que se avecina. La realidad científica a la que Louis se aferraba día tras día
comienza a mostrar sus primeras fisuras aunque no pasa a mayores hasta el
evento trágico que cambia sus vidas durante el cumpleaños de Ellie, cerca de la
mitad del metraje.
Desde ese punto, el ritmo comienza a acelerarse. La tragedia separa por
algunos días a los miembros de la familia y el dolor de la pérdida empuja a Louis a cruzar la
línea que nunca consideró que existiera para recuperar aquello que le ha sido
arrebatado, a pesar de las advertencias del anciano Jud. Desde la muerte Louis
recibe lo que ansiaba, pero de una forma diferente a la que esperaba. El
cementerio da, pero toma incluso más. Aquí la cinta se muestra algo más cercana
al terror convencional del que se había mantenido alejada exitosamente. La
violencia de la retribución explota en todas direcciones, plena de sangre y
oscuridad. En esta recta final la historia apura un poco el tranco respecto de
la primera parte y pierde algo de solidez aunque sigue siendo un buen relato de
terror en toda regla.
Por comparación casi obligada, Cementerio
Maldito puede no gozar de la misma orfebrería delicada que sorprendentemente
mostró It. Es claro que los
productores se decantaron por una historia de horror que sigue los cánones más
convencionales y en eso es menos atrevida que la historia del monstruoso
payaso. Sin embargo, es un buen logro. Una cinta compacta, sin mayores
ambiciones. Deja un par de cabos sueltos y el existencialismo de su narración
podría haber sido explotado de manera más profunda, pero comunica efectivamente
cómo el dolor no aceptado puede volver en las formas más horrendas. Veinte o
treinta minutos más de metraje hubiesen ayudado a mejorar ciertos aspectos de
la narrativa y a una caracterización más potente de sus personajes, no
obstante, es una lograda cinta que ratifica el buen momento del terror en la
pantalla grande y que es un sabroso aperitivo ante la segunda parte de It y otros proyectos que ya se
desarrollan en torno a las narraciones de Stephen King.
Isaac Civilo B.
Cementerio Maldito
Canadá
101 minutos.





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