Reseña Cine: Las Dos Reinas
Las Dos Reinas
Esta cinta inicia en 1561, en el momento en que María Estuardo regresa
con 19 años a Escocia, en pleno reinado de Isabel I en Inglaterra.
María era la única sobreviviente de su padre Jacobo V y lo sucedió con sólo
seis días de edad. Su infancia la pasó en Francia donde contrajo matrimonio con
el delfín Francisco, fallecido dos años después de la unión. Esto empujó a
María a volver y reclamar el trono de Escocia, hasta ese momento gobernada por
regentes.
Éste fue un período particularmente convulso en la historia británica y
europea, lleno de conspiraciones, asesinatos, incesto y traiciones. Material
perfecto para el drama cinematográfico como lo atestiguan muchas cintas que,
con menor o mayor calidad, han explorado esta época. Las Dos Reinas es la más reciente de una larga lista de películas
sobre la lucha de poder entre los reinados de Escocia e Inglaterra, en este
caso decantándose por el protagonismo de María Estuardo (Saoirse Roman), impetuosa y volátil, en
desmedro de Isabel I (Margot Robbie), ya con varios años en el poder, víctima
de viruela, sin heredero, pero cuyo protagonismo es reducido a una inexplicable
pasividad. La traducción de Las Dos
Reinas es engañoso. Mary, Queen of
Scots, título original, es el que traza el rumbo de la historia.
En honor a la verdad, Las Dos
Reinas se ubica en la parte baja de la larga lista de adaptaciones de este
período. Desde el comienzo abundan las licencias históricas, la corrección
política y una cadena de eventos unidos rápidamente que lejos está de lograr
efectividad, por el contrario, reduce la narrativa a una mera concatenación de
sucesos funcionales que buscan establecer el escenario para lo que vendrá, pero
que carece de ritmo y sobre todo de esos instantes de suspensión inherentes al
buen cine.
Como suele suceder en el cine reciente con énfasis en las figuras
femeninas, los hombres son débiles, burdos y maquinadores mediocres:
diplomáticos que se dejan seducir fácilmente revelando secretos claves de su
reina, consejeros parcos incapaces de demostrar ingenio en sus ardides,
consejeros de guerra incompetentes a la hora de planificar con sagacidad,
jóvenes príncipes afeminados bajo el ala de padres autoritarios, pero
desgastados. Sin embargo, lo sorprendente es que las mujeres no lo hacen mejor.
Ambas reinas están lejos de ser los personajes sólidos que se esperan y a
menudo aparecen como volubles, influenciables y poco perspicaces ante las
manipulaciones a las que son sujetas, conspiraciones, por lo demás, torpemente
urdidas. Sus caracterizaciones carecen de la poderosa sutileza de la pincelada
precisa y caen una y otra vez en los gruesos golpes de una brocha que no logra
dejar entrever sus matices. A menudo se balancean al borde la victimización,
demostrando falta de recursos ante consejeros acartonados y seguidores
temerosos. Esto es particularmente cierto en el débil personaje de Isabel,
quien parece incapaz de soportar las fricciones de la sucesión y prefiere
encerrarse a jugar con sus damas y a confeccionar macramé cuando en la
realidad, una vez en el trono de Inglaterra, aprendió rápidamente a estar dos pasos por delante de cualquier
desarrollo político y militar, y de plantarse de igual a igual con los hombres
más influyentes del reino. Todo lo anterior contrasta fuertemente con otras
cintas recientes como La Favorita de
Yorgos Lanthimos y la potencia de sus protagonistas femeninas, alcanzada a
través de una femineidad monstruosa, es cierto, pero potente al fin y al cabo.
Gran parte de las nociones shakesperianas a las que recurre el guion
parece ser reprocesadas lastimosamente por un aire postmoderno, siempre presto
a la sobreexposición y a la sobreexplicación, como si una capa de razón
contemporánea fuera capaz de atestiguar la sed de poder y sangre que permea la
historia. Aquí las pulsiones básicas como la ambición, el amor, el odio y la
ira ya no pueden ser leídas como tales. Siempre parecen necesitar alguna causa
comprensible, la raíz visible que ancle su desarrollo a un terreno
convencional, restando potencia a sus ideas y personajes. Por largos pasajes,
la historia deja a sus protagonistas de lado, entregándolos a un juego de
intrigas palaciegas tratadas de manera superficial, sin gravedad trágica
alguna. En esto Las Dos Reinas dista
leguas y leguas de otras cintas que han cubierto el mismo período histórico de
manera más interesante y más profunda como aquellas portentosas actuaciones de
Cate Blanchett y Geoffrey Rush como la Reina Isabel y su maquiavélico consejero
Walsingham bajo la cerebral dirección de Shekhar Kapur en la excelente Elizabeth (1998).
Ésta es la primera cinta de Josie Rourke, directora artística cuyos
trabajos han sido producidos en Broadway y en el West-End, y a los pocos
minutos de metraje este hecho salta a la vista. Su notoria falta de ritmo
narrativo, su carencia de inspiración visual y de autoría creativa no se
condicen con los recursos invertidos en el proyecto. ¿Su nombramiento se debe a
políticas de género dentro de la industria? Si es así, esto ratifica que el
género tiene muy poco que ver con el talento, independiente y escurridizo. Si
no es así, la elección ha dejado muchísimo que desear. Las Dos Reinas es una cinta que intenta abarcar muchísimo, pero que
siempre queda a medio camino. Muestra en lugar de sugerir, explicita en lugar
de proponer. Tiene un discurso y un mensaje, pero está expresado con un
lenguaje cinematográfico tan pobre que éstos terminan imponiéndose a cualquier
otra consideración estética, y peor aún, a sus propios personajes.
Isaac Civilo B.
Mary Queen of Scots
Josie Rourke
Reino Unido
2018





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