Reseña: Yo Estoy Vivo y Vosotros Estáis Muertos: Un Viaje en la Mente de Philip K .Dick de Emmanuel Carrère


Yo Estoy Vivo y Vosotros Estáis Muertos
Un Viaje en la Mente de Philip K. Dick

Ya es casi un cliché decir que la obra de Philip K. Dick en este momento es más actual que nunca, que su figura no deja de crecer con el paso del tiempo, que sus visiones distópicas son las más acertadas de la ciencia ficción norteamericana. Innumerables reediciones así lo confirman al igual que diferentes adaptaciones televisivas y un regreso constante a sus obras por parte de lectores experimentados y jóvenes, por figuras del mundo intelectual y literario, por directores de cine, poetas, críticos y virtualmente cualquiera que se precie de conocer algo sobre la cultura de la segunda parte del siglo XX. Entre muchas de las obras escritas sobre el autor norteamericano, una de las que más destaca es la singular Yo Estoy Vivo y Vosotros Estáis Muertos: Un Viaje en la Mente de Philip K. Dick de Emmanuel Carrère.

Y es que la biografía que narra Carrère está en las antípodas de la consabida lista de sucesos cronológicos y eventos  importantes en la vida de algún personaje famoso. En las manos del autor, uno de los más preciados de la actualidad, la vida de Dick, por fuerza, debe transformarse en una historia de gran ambición. La fascinación que el francés siempre sintió por la obra del autor de Ubik es legendaria e incluso, en sus palabras, tuvo gran influencia en el desarrollo de su propio estilo, aquel tipo de biografía novelizada que Carrère ha llegado a pulir en obras como Limonov o El Reino. Para su escritura, el autor galo se alimentó de una copiosa bibliografía y varias entrevistas con algunas personas muy cercanas a Philip K. Dick. El resultado es de gran profundidad. No solamente es un repaso por su vida y sus excesos sino una perfecta oportunidad para acercarse a una gran cantidad de temáticas que rondaron uno de los corpus de ciencia ficción más visionarios jamás escritos. Por ejemplo, ahí está el trabajo a medio tiempo de Dick en una tienda de discos y la reparación de televisores y radios que se llevaba a cabo en él, y que resulta ser una semilla que germinaría en la creación de muchos de sus personajes principales, aquellos técnicos o reparadores que pasarían gran parte de sus novelas en espacios que asemejaban a los que Dick frecuentaba en su juventud.


De la misma manera, la aparición de Anthony Boucher en su vida daría el empujón necesario al aspirante a escritor para que se lanzara a escribir obviando categorías y límites, donde las llamadas alta y baja cultura podían mezclarse en una propuesta válida, donde la literatura de género podía coexistir con la literatura clásica. Carrère, en uno de los aciertos del volumen, entrelaza eventos netamente biográficos con la escritura de sus novelas. Tan pronto la idea para un nuevo escrito llega a la mente de Dick, tenemos como contraparte los sucesos cotidianos que habían producido el fermento para dicha idea y cómo éstos empujaban al autor a darle forma. El proceso creativo para Fluyan mis Lágrimas, Dijo el Policía, Ubik, Los Tres Estigmas de Palmer Eldritch, ¿Sueñan los Androides con Ovejas Eléctricas?, Los Clanes de la Luna Alfana y tantas otras obras desfila página tras página, y si Carrère se tomó alguna licencia, hay que agradecer su gran poder de fabulación. A esto, el francés agrega otro elemento, el contexto histórico, que acopla perfectamente a la vida y a la obra de Dick, ubicándolo entre la contracultura hippie, cuya decadencia es escrita muchas veces sin contemplación, y la llegada de Nixon al poder. Y otro más, las reflexiones sobre el estilo de Dick. En palabras de Carrère “tramas que hacen agua por todos lados”, “una sintaxis pobre, repetitiva, puramente lógica, sintaxis de un androide: un vocabulario cada vez más abstracto, sin calidez ni sorpresa, nada que fuera sensitivo, nada que evocara el espesor sensual del mundo; nada de vida, solo frases, ni siquiera frases, palabras, ni siquiera palabras, letras que se derramaban mecánicamente sobre la página y se aglutinaban más por reflejo que por un diseño preciso, así como deben aglutinarse en columnas los miembros de un termitero que ha sido gaseado, y que, aunque agonicen, reproducen las figuras programadas por sus genes.” Sin embargo, Carrère reivindica la fuerza de las ideas y la visión de Philip K. Dick que son capaces de sobreponerse a sus variadas limitaciones estilísticas. Lo mismo que sucedería con el genio polaco autor de Solaris y tantas otras obras maestras de ciencia ficción Stanislaw Lem, quien mostraba reticencia ante la ejecución formal de las novelas por parte de Dick, pero a quien consideraba un visionario entre la charlatanería de la ciencia ficción norteamericana.


En el análisis de Carrère sobre la obra dickiana, es notable cómo logra introducirse en un complejo tejido donde confluyen temas de lo más disímil: Noir, cibernética, capitalismo, psiquiatría, drogas, obsesiones suicidas y un abismo donde la psicología y la literatura se mezclan con una intensidad pocas veces vista. El autor francés realiza también aquí una notable labor al conectar cada uno de estos tópicos con las vivencias de Philip K. Dick, su seguidilla de divorcios, sus relaciones bastante extrañas, crueles incluso, con mujeres, la admiración que le prodigaban jóvenes hippies como si fuera una suerte de oráculo, el reconocimiento que llegaba desde Europa – hasta las llegada de los progres con la revolución del 68, claro está –, sus constantes visitas, en muchos casos amistosas, al psiquiatra y su resabida relación con las drogas.

Hacia el final de la narración, y sus últimos tres trabajos, la vida del autor norteamericano ya se ha convertido en una con su obra. No hay límites que separen las visiones que inundan sus páginas con la vida de Dick. Surgen diferentes tipos de epifanías, alter egos tanto en vida como en sus novelas con quienes el escritor mantiene conversaciones durante horas, personalidades con quienes debate la naturaleza de la realidad y la existencia, e incluso visiones inexplicables como el increíble diagnóstico sin síntomas que terminó salvando a su hijo de la muerte producto de una hernia inguinal. El rescate por parte de Carrère de los matices de la vida de Philip K. Dick es sorprendente y explica mucho mejor su personalidad (si es que eso es posible) que cualquier otra biografía formal al respecto. Estoy Vivo y Vosotros Estáis Muertos: Un Viaje en la Mente de Philip K. Dick es una lectura apasionante, hipnótica y que muestra los aciertos y las contradicciones de una mente visionaria que seguramente continuará desafiando su comprensión por un muy largo tiempo.

Isaac Civilo B.

Yo Estoy Vivo y Vosotros Estáis Muertos
Emmanuel Carrère
Anagrama
2018
376 páginas

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