Reseña: Jazz Blanco de James Ellroy


Jazz Blanco

«Si la trama de las tres novelas anteriores avanzaba desbocada a lomos de un estilo cortante y a la yugular, Ellroy depuró la fórmula en la traca final, Jazz blanco, inolvidable ejercicio de estilo sin un gramo de grasa. Ellroy no escribe en este libro: ametralla.»
El Confidencial

A comienzos de los años 90, James Ellroy ya perfilaba el final de El Cuartero de los Ángeles, quizás su obra cumbre y cima de la novela policial. Tras La Dalia Negra, El Gran Desierto y L. A. Confidential, era más que claro que lo de Ellroy quedaría grabado a fuego en el cuerpo de la literatura contemporánea con una intensidad y salvajismo sin par. Poco imaginaban sus lectores, y quizás él mismo, que más de 20 años después volvería a su ciudad favorita para el segundo cuarteto. Éste, una odisea tan ambiciosa como la original, ya ha alcanzado la mitad del camino con las monumentales Perfidia y Esta Tormenta, augurando otra cumbre del estilo.

Jazz Blanco cambió algo el enfoque de las novelas anteriores. En las tres entregas predecesoras, los relatos eran corales y avanzaban entrelazándose a través de cientos de páginas logrando extensos clímax que golpeaban de manera inesperada, pero no por ello menos potente. A pesar de esto, las herramientas que Ellroy usa para cincelar su sólida estructura son las mismas que ha refinado novela tras novela: aquellos diálogos cortantes escritos con su estilo telegráfico, la violencia verbal desatada, el adjetivo preciso y punzante, una caracterización soberbia, una tormenta de información y referencias. En fin, lo que siempre esperamos de su pluma. A fin de dar incluso más espacio a estos rasgos, aquí ya no hay tres voces sino solamente una, la del corrupto teniente David Klein, ejecutor de encargos por parte del crimen organizado, autor de asesinatos, hijo de un padre violento a quien debió amenazar para que dejara en paz a su hermana…por quién siempre sintió una extraña atracción. Al igual que muchos otros personajes de Ellroy, participó en la Segunda Guerra Mundial y sobrevivió para estudiar Leyes en la universidad. Desde entonces Klein mantiene contactos con la mafia, tras llevar a cabo trabajos menores con el fin de pagar su carrera. La condenación del teniente no se hace presente en los eventos actuales de Jazz Blanco. Estaba condenado desde mucho antes.

Las palizas, los asesinatos, la extorsión y los sobornos son el telón de fondo que el autor, a esta altura, conoce tan bien como la palma de su mano. No es eso lo que ha cambiado en esta cuarta novela de la serie sino el estilo mismo que Ellroy ha quintaesenciado hasta reducirlo a lo medular. Cualquier atisbo de pasaje baladí ha sido expurgado de su prosa que es ahora la expresión más robusta de su pluma, la más cortante. Esto hace que la novela avance a un ritmo endemoniado durante sus casi 500 páginas – lo que para algunos lectores puede presentar alguna dificultad al intentar seguir el tranco furioso del escritor –, pero esto viene con el estilo. Es pretencioso pretender entender, absorber de primeras todo lo que James Ellroy entrega. Leerlo es una suerte de aprendizaje de un nuevo idioma al que debemos entrar todo lo preparados que podamos aunque a mitad de camino comprendamos que es insuficiente. No obstante, ya no hay vuelta atrás para entonces.

A pesar de la linealidad mucho más evidente aquí, aún existen los desvíos, las elipsis, los acontecimientos aparentemente desconectados del resto de su cuerpo, todo aquello que da la impresión de desorden y caos que después, mágicamente, encaja en un mosaico impresionante. Klein sigue las órdenes del mafioso Meyer Harris Cohen en paralelo a su labor en el cuerpo de policía de Los Ángeles. También recibe encargos nada menos que del magnate Howard Hughes sobre una actriz que no ha respetado el contrato que tiene con el millonario aunque Klein descubre sus verdaderas intenciones. Todo parece seguir su curso normal. Son encargos pequeños que no deberían interrumpir su rutina. Sin embargo, llega la investigación de los federales contra la corrupción policial, gatillador del caos que parece remover las bases de todo aquello sobre lo que Klein había asentado su vida.

Como si todo lo anterior no bastara, Klein es reclutado por Edmund Exley, jefazo de la policía de Los Ángeles, para complotar contra el capitán Dudley Smith. Tanto Exley como Smith son dos de los personajes más icónicos de la tercera novela del ciclo L. A. Confidential; inflexible el primero, corrupto y despiadado el segundo. De manera que Klein se encuentra atrapado entre dos colosos policiales además de la mafia y Hughes. Y, como cabría esperarse, se enamora de la chica a quien Hughes desea castigar. Klein y Exley descubren que Smith se trae entre manos un plan descomunal de corrupción para cierto sector de Los Ángeles y piensa impedirlo a gran costo para todos los involucrados. Klein está justo en el medio de un gigantesco torbellino que se acelera sobre sí mismo.

La novela final del cuarteto cierra con una textura muy similar a los anteriores volúmenes, siendo la muy pequeña luz redentora al final de un túnel densamente oscuro la única esperanza que Klein tiene para aferrarse a la poca dignidad que su vida le ha conferido. Es un epílogo ya clásico en la novela negra que se asienta entre el dolor, la pérdida, la renuncia y la incertidumbre, a veces negro como la noche, a veces con algo más de claridad, pero que muy poco ofrece a sus protagonistas. Ellroy lleva éste al extremo y dentro las tinieblas en las que sus personajes se desenvuelven, las migajas que quedan sobre la mesa una vez el polvo se ha asentado son incluso menores que la nada. Y con el estilo despiadado de Jazz Blanco, esto asume visos de crueldad. Hay humanidad, por supuesto, pero no mucha más de la que el mismo Ellroy ha conocido en vida. No en vano, ésta, como el resto de sus novelas, fue concebida desde las entrañas del dolor más sangriento.

Isaac Civilo B.

Jazz Blanco
James Ellroy
Random House
480 páginas

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