Reseña Cine: They Shall Not Grow Old de Peter Jackson
They Shall Not Grow Old
Hubo cuestionamientos y dudas desde
el momento en que la Comisión Británica para el Centenario de la Primera Guerra
Mundial, 14 – 18 NOW, eligiera a Peter Jackson para el proyecto que coronaría
las más de 400 obras que dicha comisión encargara desde el año 2014 para
conmemorar los cien años de la Primera Guerra Mundial. Éste sería un documental
que debería construirse con cientos de horas de metraje filmado en el campo de
batalla y que había sido archivado en el Imperial War Museum. Es entendible que
la fama que El Señor de los Anillos
prodigó a Jackson haya convencido a la comisión, pero en ese momento el
director venía saliendo de la trilogía El
Hobbit que literalmente destrozó la obra original de Tolkien. Esto, además
de los primeros filmes de bajo presupuesto del neozalandés y su inclinación por
el 3D y los efectos especiales de última generación, causaron más de un
levantamiento de cejas.
¿Sería este un documental al estilo
History Channel o Nat geo, o alguno de esos proyectos donde sus creadores se
toman una enorme cantidad de licencias históricas, procesando los eventos en la
licuadora cinematográfica al punto de ser irreconocibles? La respiración fue contenida
hasta el estreno en la BBC a exactos 100 años del armisticio. Y con una gran
sonrisa en el rostro tanto los productores como lo espectadores vieron como
Jackson entregaba una obra lejana al ruido y a los efectos que muchos
identificaban con sus cintas. El posterior paso por cines en Gran Bretaña y
Estados Unidos probó ser tan exitoso como su estreno en televisión.
Los materiales que Jackson empleara
en el documental son más cercanos al minimalismo que al hiperrealismo con los
que el espectador tienda a asociar sus películas. Éste fue construido en base
al metraje filmado en el campo de batalla, a los testimonios de soldados rasos
y voluntarios, y a la digitalización y coloración del metraje. Desde los
primeros días de reclutamiento, los testimonios vuelven sobre la amenaza
alemana al Imperio Británico. Ingenuos ante lo que les espera, pero portadores
de gran sentido de honor y lealtad a su patria, los ex soldados relatan las
peripecias para ingresar al ejército, el tipo de comida y entrenamiento que
recibían, las ropas demasiado grandes o pequeñas. Hay un sentido de inocencia y
candor por parte de los jóvenes que pronto desaparecerá cuando lleguen al campo
de batalla.
En ese momento, también desaparece el
blanco y negro. La pantalla se amplía, las imágenes se coloran y la cercanía de
la batalla se hace palpable. La fluidez de movimiento y los colores reviven el
metraje. Jugando contra toda expectativa, Jackson propone que aquí es donde la
nobleza y el esplendor comienzan – la verdadera vida –, en las trincheras, en
el dolor, la muerte y el miedo. Poco a poco, otros materiales invaden la
pantalla; imágenes de cajetillas de cigarro de la época, tiras cómicas,
publicidad, dibujos de la batalla en blanco y negro que evocan a un Doré. Sin
embargo, lo que permanece es la humanidad de sus protagonistas en aquellos
gestos y actividades del día a día. Sonríen a la cámara sin sospechar cómo serían inmortalizados: fuman, bromean, beben, hacen bromas, lustran sus
botas, limpian los botones de sus chaquetas, practican tiro, descansan.
Hasta que llega la hora del asalto
definitivo contra las tropas alemanas. Con un prodigioso montaje, las imágenes
y las ilustraciones se suceden paralelas a los testimonios que narran la muerte
de sus amigos y la confusión en medio de un ruido ensordecedor que se extendía
por horas. La arremetida final llega triunfal con la consecuente toma de
prisioneros y la curiosa camaradería que se establece con aquellos jóvenes
alemanes que horas antes habían acribillado a muchos de sus amigos.
Con el armisticio llega el regreso a
casa, la vuelta al blanco y negro, y a una pantalla que retoma su tamaño normal
como si el vibrante ritmo de aquella vida llena de miedo y combate, pero
también de sacrificio y amistad, llegara a su fin. Es el aspecto más triste del
documental, la incomprensión y el silencio de sus compatriotas para con estos
jóvenes, en muchos casos menores de edad, y lo que experimentaron. Muchas de
sus familias mostraban el mínimo interés. La falta de trabajo asolaba a
adolescentes que preferían dormir en el suelo que en sus camas y cuyos recuerdos
seguían volviendo al compañerismo e incluso a la amistad que entablaron con sus
enemigos mortales en medio de la sangre, el lodo, los alambres de púas y la
muerte. Irónicamente, de regreso a casa, la vida normal se sentía como un
desafío más grande que la guerra, un desafío que enfrentaban con mayor miedo y
menos ayuda.
Jackson no deja espacio a dudas. La
lección es amarga y el título del documental – They Shall Not Grow Old (Ellos
Nunca Envejecerán) – es un pequeño homenaje a los niños y jóvenes que dieron
sus vidas y cuya memoria siempre estará en peligro de ser archivada y olvidada
por la historia, convirtiéndose en una insignificante nota a pie de página.
Aquellos niños y jóvenes que descubrieron y dieron lo mejor de sí mismos en un
paisaje baldío, rodeados de cadáveres, cuya esterilidad, al menos durante estos
99 minutos, es transformada en los colores de una vida lejana al devenir
cotidiano, monótono, carente de los recuerdos que una nación debería conservar
y nutrir.
Isaac Civilo
B.
The Shall Not Grow Old
Peter Jackson
Inglaterra
99
Mins.







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