Reseña Cine: The Vast of Night


The Vast of Night

La cámara avanza lentamente hacia la pantalla de un antiguo televisor. Una voz en off pronuncia una ominosa introducción al mundo de la ciencia ficción con sus correspondientes misterios, fantasías y dimensiones paralelas. Desde los primeros segundos, The Vast of Night, la cinta debut del director Andrew Patterson, establece el tono de los próximos 90 minutos y su intención de homenajear a La Dimensión Desconocida, la clásica serie de televisión creada por Rob Serling que alimentara la fascinación y los miedos de muchas generaciones de jóvenes y no tan jóvenes espectadores.

Es el Estados Unidos de los 60s con juegos de basquetbol, vida comunitaria, reuniones sociales y programas radiales: aquella idílica existencia de los pequeños pueblos donde el sueño americano parecía encontrar terreno fértil. En paralelo, no obstante, también es el Estados Unidos de Roswell, del primer contacto, las cintas de terror de cine B, las abducciones, los encubrimientos, las investigaciones y los primeros avances tecnológicos como las grabadoras portátiles. The Vast of Night, al igual que la serie de Serling se mueve entre estos dos puntos, con la cotidianidad resquebrajándose poco a poco ante la arremetida de lo inesperado e inimaginable.


En medio de una tarde que ofrece tanta diversión como podría hacerlo el pequeño pueblo estadounidense de Caguya – guiño al nombre de la productora creada por Serling –, la joven estudiante Fay Crocker (Sierra McCormick) recibe extrañas señales y algunas llamadas algo más sugerentes en la central telefónica donde trabaja a media jornada. Contacta al DJ del pueblo, Everett Sloan (Jake Horowitz) para que éste solicite alguna información a los auditores en medio de las canciones que programa. Patterson se apoya en una serie de planos secuencia que da a entender la placidez de la vida americana de finales de los 60, pero estos tienden a aumentar su velocidad y vértigo a medida que la narrativa comienza a desarrollarse. Por supuesto, y a pesar de su homenaje a la Dimensión Desconocida, el director recrea la textura de la época correctamente a través de un lenguaje mucho más cinematográfico en sus encuadres, ángulos y el ritmo de los mencionados planos. Algunos de estos muestran atisbos de virtuosismo mientras que otros bordean lo artificioso recurriendo a trucos computacionales que recuerdan el batiburrillo que Sam Mendes recientemente exhibiera en la sobrevalorada 1917.

La llamada de un antiguo trabajador del ejército marca el punto de inflexión de la película. Éste narra sus experiencias durante labores rodeadas de un halo de secretismo y cuyo propósito sólo podía vislumbrar sosteniendo conversaciones con otros trabajadores en un esfuerzo por armar un inmenso rompecabezas. En el transcurso de éstas, hay enfermedades y muertes provocadas por la radiación, transmisiones extrañas y objetos que vuelan a alturas inauditas para la tecnología de la época. Son los mismos miedos, la misma extrañeza y las mismas dudas que han rondado a Estados Unidos durante las últimas décadas y que cristalizaron con gran potencia en Los Archivos Secretos X años después, quizás la más aventajada discípula de la creación de Serling.

Desde ese momento, Crocker y Sloan inician la búsqueda de pistas que les permitan descubrir qué es lo que sucede en Caguya. Ésta incluye grabaciones de la época, registros y una entrevista con una anciana al borde la senilidad, marcada por la pérdida misteriosa de su hijo, y cuyas palabras profundizan en el sentido de extrañamiento creciente. La cámara enfatiza la dualidad del planteamiento de la cinta cambiando constantemente el punto de vista del espectador de la película con la del espectador del programa de televisión en el que supuestamente nos encontramos.


En todo esto, y siguiendo en la senda del homenaje, hay un fuerte énfasis en los diálogos como si Patterson desconfiara de la expresividad de sus extensos planos secuencia y la puesta en escena que le tomara tanto tiempo estructurar. La Dimensión Desconocida, como cualquier serie de televisión, se sostenía en el flujo de información que mantenía hacia su audiencia. Afortunadamente contaba con algunos notables guionistas que no vacilaban en usar el absurdo como herramienta para quebrar la capa de normalidad ante la arremetida del terror. Pero el cine es un lenguaje mucho más rico y la cinta vacila cuando Patterson se entrega a largas diatribas en desmedro de sus esfuerzos visuales. En el extenso uso de diálogos algunas personas han visto un aire a Richard Linklater y sus obras pletóricas de memorables escenas habladas. Sin embargo, no es una comparación factible. Pocos son los directores vivos que pueden filmar los diálogos con tanta habilidad y dinamismo como lo hace Linklater, y la dirección de Patterson, al menos en este apartado, no se encuentra cerca de tales alturas.


The Vast of Night es un ejercicio de nostalgia que dice mucho más de su director que de su propia temática. Rememora la idealista visión de aquellos jóvenes quienes anhelaban conocer y conquistar el mundo que se hallaba más allá de sus pequeños pueblos. Es un ejercicio interesante que se plantea como el equivalente a lo que La Dimensión Desconocida podría ser si fuera filmada hoy en día. Cumple con los aspectos formales de un buen debut cinematográfico y algo más, pero no mucho. Más sugerente es que parece formar parte de una tendencia que busca volver a una ciencia ficción centrada en las ideas – como lo demostró la muy apreciable Tales from the Loop – más que en el ruido y el vértigo que tanto ahogan la pantalla grande como la chica durante estos días. También es destacable el hecho que estas propuestas vayan encontrando un espacio en Amazon más que en otros servicios de streaming como Netflix o HBO que parecen enfocarse en los altos presupuestos, en los altos decibeles y en altas cuotas de acción en detrimento del intelecto y la reflexión.

Isaac Civilo B.

The Vast of Night
Andrew Patterson
2020
91 minutos

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