Reseña TV: Sorjonen
Sorjonen
Una de las apuestas fuertes de
Netflix durante los últimos meses han sido las series detectivescas nórdicas.
Seguramente atraído por el éxito y el altísimo volumen de publicaciones
provenientes de Finlandia, Suecia, Noruega e Islandia, el servicio de streaming reconoció el potencial del
género para ser adaptado a la pantalla chica. Personajes con pasados trágicos,
un lenguaje directo, constantes giros de tuerca, una narrativa de ritmo vibrante
y un aire denunciatorio son algunas de las características que se traducen en
series de televisión que son capaces de atraer espectadores por miles. En este momento, en su parrilla, existen muchas opciones que a menudo hacen partícipes a escritores consolidados en el mercado literario, sea en el papel de guionista o showrunner, imitando la tendencia que inauguró HBO al desarrollar proyectos que cuentan con nombres tan ilustres como Dennis Lehane, George Pelecanos y Nic Pizzolatto, entre otros.
Una de las más recientes producciones
incluidas en el catálogo de Netflix es Sorjonen
(Bordertown, en inglés; pueblo cercano al borde, o a la frontera,
en español). Producción finlandesa que estrenó su primera temporada el 2016, ha
gozado de un éxito que crece con cada temporada y se perfila como una de las
apuestas más llamativas dentro del noir
nórdico.
La serie gira en torno al detective
Kari Sorjonen (Ville Virtanen), uno de los más respetados del Servicio de Investigación
Nacional. Éste está casado con la ex modelo Pauliina Sorjonen (Matleena
Kuusniemi) y su hija, la joven Janina Sorjonen (Olivia Ainali), es una
adolescente que está despertando a la pubertad. La serie arranca sin dar
respiro. Pauliina sobrevive a una operación que extirpó un cáncer cerebral y el
matrimonio decide dejar la capital Helsinki en busca de una pequeña ciudad que
les pueda brindar más tranquilidad: Lappeenranta, con sólo 73.000 habitantes.
Sorjonen abandona su trabajo y acepta
uno nuevo en la Unidad de Crimen Serial. Sin embargo, desde el comienzo hay un
halo de misterio que rodea la decisión de dejar su labor en la capital. Su
esposa es oriunda de Lappeenranta por lo que su regreso debería sentirse como
volver a casa sino fuera por la sensación de fracaso al no poder alcanzar todo
su potencial como modelo y al hecho de que fuera la antigua novia del actual
alcalde de la ciudad Robert Deggerman (Janne Virtanen), relación que deparará
más de algún giro inesperado durante los 11 episodios de la primera temporada.
Esto, no obstante, es muy poco comparado con lo que el detective enfrentará.
La tranquilidad que debería reinar en
una ciudad tan pequeña prontamente se revela como un espejismo. La estructura
de la serie se divide en cuatro casos que son investigados y resueltos uno tras
otro en series de dos o tres capítulos cada uno. A diferencia de otras series noir, es una arquitectura inusual y algo
dura considerando la gran cantidad de información con la que el espectador se
enfrenta episodio tras episodio. La sordidez de cada uno de los casos refuerza
la intención de impacto de la serie, de no dar respiro a sus seguidores. Más
que una serie, esta primera temporada se siente como cuatro miniseries
agrupadas en forma lineal.
Para ser una ciudad tan pequeña,
Lappeenranta ciertamente presenta demasiada acción, una suerte de agujero negro
que absorbe a sus personajes hacia un vórtice inescapable de tensión y
angustia. La explicación es simple. Se encuentra a meros 30 kilómetros de la
frontera con Rusia. Esto desemboca en redes de prostitución, tráfico de drogas
duras, peleas clandestinas y una sensación de peligro constante. Esta cercanía
conecta en el primer episodio con la investigadora de FSB (antigua KGB) Lena
Jaakkola (Anu Sinisalo) en busca de una joven llamada Katia (Lenita Susi),
víctima de una red de prostitución. La joven es rebelde y oculta un pasado
bastante turbio, pero no tanto como Lena, quien ostenta los tatuajes de la
mafia rusa, es perseguida dentro y fuera de la FSB, y pasa a formar parte del
equipo de Kari Sorjonen, donde también se encuentra el investigador Niko
Uusitalo (Iikka Villi) y la jefa de la unidad Taina Perttula (Kristiina
Halttu).
El relato es coral y en este caso
necesario para poder rescatar los matices de cada uno de sus protagonistas. Sin
embargo, el ejercicio narrativo más duro de la serie es el inmenso volumen de
información que presenta. Esto obliga a una edición que cumple una función de
condensación y a un montaje rápido, abrupto por momentos, que le resta ritmo,
impidiendo que la serie respire como debería. Por supuesto, ésta la base de su
éxito internacional – fue vendida por su productora a más de 40 países –: su
ritmo implacable, pero que también se traduce en cierta falta de sutileza para
resolver algunos aspectos de las subtramas, lo que es particularmente evidente
durante los primeros episodios.
Por fortuna, la caracterización de
sus personajes se desarrolla sin interrupciones en paralelo a los cuatro casos.
Por momentos, también sufre de un montaje veloz y equívoco, pero con el correr
de los episodios, sus estructuras dramáticas se hacen más sólidas, permitiendo
encajar muchas de las piezas algo sueltas en un comienzo. La prodigiosa memoria
de Sorjonen y el ímpetu de Lena son características significativas de la trama,
aunque su lucha constante por proteger a sus familias y a aquellos en quienes
ponen su confianza es el pilar que sostiene esta primera temporada: la familia
y las relaciones en su interior como único bastión ante el embate de una
realidad violenta y pavorosa.
Sorjonen es capaz de
sostener el peso de su densa propuesta sin grandes problemas. El volumen de
acontecimientos macabros y su tensión aseguran la atención por parte de los
espectadores, aunque quizás habría sido más efectivo dividir el material entre
más episodios o incluso temporadas a fin de pulir ciertos aspectos. En esto, es
menos elegante y de menor atracción estética que otras series nórdicas como Los Asesinatos de Valhalla, y por momentos es tan sórdida y el volumen de información tan
grande que se mueve en el borde de la irrealidad, algo no aconsejable para una
serie noir y que no se condice con su
narrativa realista. Por fortuna, nunca llega a cruzar ese límite, manteniéndose
en un terreno que le permite sortear contratiempos menores y establecerse como
una de las mejores series detectivescas que Netflix puede ofrecer en este
momento.
Isaac Civilo B.
Sorjonen
Netflix
2020
640
minutos









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