Reseña: Cuentos de un Soñador y Otras Fantasías de Lord Dunsany (Valdemar Gótica Nº 116)


Cuentos de un Soñador, y Otras Fantasías

“…ninguna descripción puede transmitir más de una ínfima parte del encanto omnipresente de Lord Dunsany. Sus ciudades prismáticas y sus ritos inauditos están trazados con una firmeza que sólo la maestría puede suscitar, y nos estremecen dándonos la sensación de que participamos realmente en sus misterios secretos. Dunsany es un talismán y una llave que abre a los verdaderamente imaginativos magníficas reservas de ensueños y recuerdos fragmentarios; hasta el punto que podemos considerarlo no solamente un poeta, sino alguien que también hace un poeta de cada lector.”

H. P. Lovecraft

“…su estilo literario es hermoso. Dunsany escribía, según se dice, con una pluma de ave, y derramaba, garabateaba y hacía fluir su prosa sobre el papel; y sus palabras cantan como las de un poeta que se ha embriagado con la prosa de la Biblia del Rey Jacobo y aún no ha recuperado la sobriedad…muchos de los escritores actuales no tendrían tantas cosas que decir si Dunsany no las hubiese dicho primero”

Neil Gaiman

En su canónico ensayo El Horror Sobrenatural en la Literatura, H. P. Lovecraft identificó a Lord Dunsany como uno de los cuatro maestros modernos de lo sobrenatural y el horror cósmico, en un selecto grupo donde también ubicó a Arthur Machen, Algernon Blackwood y M. R. James. Considerando el alcance de dicho ensayo, hasta hoy alabado como el más acabado estudio del género, no deja de sorprender la altísima estima en la que el autor de Providence ubicaba al genio inglés, no solamente por su calidad – la prosa de Dunsany es de las más exquisitas de los últimos siglos – sino por la orientación de sus creaciones. Mientras Machen, Blackwood y James transitaban por un terreno definitivamente más sombrío, los relatos del escritor inglés se decantaban por lo fantástico en su vena más pura, con ocasionales pinceladas de horror cósmico. Este enfoque de lo sobrenatural lo convirtió en una influencia perdurable no solamente sobre Lovecraft sino sobre J. R. R. Tolkien, Jorge LuisBorges, Arthur C. Clarke, Jack Vance, Michael Moorcock, Ursula K. Le Guin, NeilGaiman, Guillermo del Toro y una lista virtualmente sin fin.

Lord Dunsany, cuyo nombre real fuera Edward Plunkett, era el heredero de una de las estirpes más antiguas del Reino Unido y decidió usar su título nobiliario para firmar sus obras. Es decir, fue aquella mítica figura que encarnaba lo mejor de la tradición de las islas británicas, capaz de revelar a un presente gris, frío y cientificista las profundas raíces de su mitología. Sobreviviente a ambas Guerras Mundiales, su amistad con el poeta irlandés William Butler Yeats y su participación en el movimiento denominado Renacimiento Literario Irlandés dan cuenta de sus inquietudes, temáticas y estilo. Publicó más de 90 libros en vida abarcando la novela, el cuento corto, obras de teatro, poesía, ensayo y autobiografía con una prosa en constante evolución en la que, increíblemente, rara vez reescribía, siendo sus publicaciones primeros borradores casi en su totalidad. Definitoria para su prosa fue la Biblia del Rey Jacobo, quizás la más influyente y hermosa versión del texto sagrado, y que a través de los siglos influenciara fuertemente a gigantes como John Milton, Herman Melville y William Wordsworth en cuanto prosa, sintaxis y léxico.

Muchas han sido las publicaciones que han abordado la obra de Dunsany en diversos idiomas. En inglés, hasta hoy, éstas aún llegan al público en ediciones que van desde antologías hasta volúmenes de lujo numerados. En español, al contrario, era difícil encontrar una edición que hiciera justicia a sus escritos. Por supuesto, estos no podrían haber encontrado una mejor opción que la editorial española Valdemar, especialistas en éste y otros géneros, en su excelente colección Gótica. El volumen 116 de la colección recopila cinco antologías escritas por Dunsany - Los Dioses de Pegãna (1905), El Tiempo y los Dioses (1906), Cuentos de un Soñador (1910), El Libro de los Prodigios (1912) y El Postrer Libro de los Prodigios (1916) – todas pletóricas de una imaginación desbordante y un estilo prístino que marcaría el género fantástico hasta hoy en día.

En Los Dioses de Pegãna y El Tiempo y los Dioses, Dunsany esboza lo que para muchos sería su mayor contribución literaria: la creación de una mitología donde se reúnen muchas vertientes diferentes. Sus estudios académicos sobre Grecia y Roma confluían con su profundo amor por la mitología irlandesa y su visión sombría respecto de la amenaza del modernismo sobre la imaginación, noción que ha probado ser profética. Escritos con un estilo que evoca a las grandes sagas mitológicas de antaño y a la mencionada Biblia del Rey Jacobo, estas narraciones descubren los orígenes de los dioses mismos, cómo están sujetos a las fuerzas superiores del tiempo y el azar, y su relación ambigua con los seres humanos. Existe una tensión palpable entre los dioses, el tiempo y los hombres que recorre muchas de estas historias donde tanto el comienzo de la existencia como el final de la misma se vislumbran con una melancolía de tintes celtas, una añoranza frente a la inmensidad cósmica producto de la pequeñez y el desamparo de los seres humanos ante fuerzas descomunales.

El uso de la mitología y el folclore irlandés, sin embargo, y a diferencia de otros muchos autores de la época, no es simplemente un ejercicio de reproducción por parte de Dunsany. Su originalidad le permite incluir elementos de otras mitologías, algunos de aire decididamente oriental, otros de una oscuridad cósmica. La riqueza de sus atmósferas, etéreas y oníricas, a menudo deviene una con imágenes de un realismo mitológico, expresado a través de una prosa melódica, metafórica y, sobre todo, poética que sigue resonando en la mente del lector una vez ha abandonado las páginas del libro.

Cuentos de un Soñador, El Libro de los Prodigios y El Postrer Libro de los Prodigios demuestran el cambio constante del estilo de Dunsany. Pocos años después de sus trabajos más mitológicos, el autor se desenvolvía en lo que podría considerarse un terreno más cercano al escritor de fantasía moderno, de una imaginería desbordante, explorador de diversos parajes exóticos, viajero incansable de una geografía que parecía surgir de sus numerosos viajes en la vida real, pero también de una mente que gustaba trabajar en un estilo hasta que sentía que había agotado todas sus posibilidades y entonces avanzaba hacia uno nuevo. Si bien las lecturas mitológicas están algo más tamizadas en los relatos de estas tres antologías, aún es posible percibir aquel sentimiento de honda nostalgia frente a aquel mundo perdido que se filtra a través de algunos párrafos insertos en narraciones más amplias.


Aquí también emergen otros elementos que el autor integraría rápidamente a sus escritos. Junto con una visión algo más oscura de los asuntos humanos, también se encuentran presentes un sentido del humor bastante ambiguo y una ironía que podía ser sostenida a través de historias completas. Sería un error considerar estos como meros cuentos mágicos o historias de hadas. Más allá de sus pastorales locaciones y su atmósfera de ensueño, también hay países inexplorados donde grandes entidades sombrías acechan, personajes misteriosos en plena civilización occidental quienes mantienen secretos ominosos o asociaciones cuyo propósito está oculto tras las sombras. Tanto hombres como dioses son falibles, dando forma a un mundo donde la pérdida y la crueldad esperan a la vuelta de la esquina. Es muy posible que la nostalgia de Dunsany y muchos otros de sus contemporáneos surgiera de la necesidad que sentían de una época pérdida en la bruma de la historia inglesa e irlandesa, más simple y más idílica, necesidad que sentían con mayor profundidad ante la arremetida del mundo moderno, carente de imaginación, pero abundante en egoísmo y avaricia.

Lo anterior explica también la inmensa consistencia en la producción literaria de Dunsany en cada género que exploró durante cinco décadas, como si la suya hubiese sido una batalla que librara día a día contra aquella sombra que observaba proyectarse sobre los verdes campos británicos. El esfuerzo fue tal que llegó a independizarse estética y estilísticamente de su tiempo y la cultura en la que estaba inmerso para convertirse en la punta de lanza arrojada contra el industrialismo y el progresismo que ya destruían la hermosura del mundo y la literatura.

En sus páginas es evidente la necesidad de una creencia en un mundo espiritual superior, aquel de la imaginación y la belleza, plasmado a través de dioses y religiones que anclaban la existencia humana a un plano estable en el complejo devenir cósmico. Su prosa y la imaginería surgida de la mitología y el folclore celta no hacían sino acentuar tal añoranza y plasmarla en algunas de las más encantadoras visiones literarias del último siglo. Su influencia sobre reconocidos escritores es solamente una de las muchas pruebas de su calidad. Esta antología de Valdemar en su colección Gótica puede no ser la que más se aproxime a su veta oscura ya clásica en sus casi 30 años de historia, pero bien podría ser el volumen más hermoso y poético de la colección además de un rescate sumamente necesario para las actuales generaciones. No es poco. 

Isaac Civilo B.

Cuentos de un Soñador, y Otras Fantasías
Lord Dunsany
Valdemar
528 páginas

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